Como vivir con un Bipolar

Publicado el 06/04/11 por Administrador Sin Comentarios

Existen patologías (enfermedades), de carácter psíquico que por circunstancias diversas, hoy tal vez porque se mediatizan, a partir de lo cual todo el mundo habla de ellas como cosa corriente. Las más comunes son aquellas que tienen que ver con los Trastornos de Ansiedad, como los “Ataques de Pánico” o los relacionados con el Trastorno del estado de ánimo, tal es el caso de la “Bipolaridad”, la que se utiliza casi en una forma peyorativa para desvalorizar a alguien, “…callate sos un bipolar…”. Tal vez lo curioso, es que la enfermedad y sus manifestaciones han pasado a ser de tal frecuencia, que termina pareciendo que a todos nos cabe el diagnóstico de alguna manera. Pensemos que el humor en los seres humanos puede ser normal, elevado o deprimido. Que las personas normales experimentan un amplio rango de humores y tienen un repertorio de expresiones afectivas igualmente amplio; básicamente, tienen el control, más o menos de sus humores y afectos. Pero, cuando se pierde este sentido de control, es cuando aparece el trastorno.

Bien, para salir de la confusión, la idea  primaria es determinar en que consiste entonces la Bipolaridad. Podemos definirla, como un trastorno donde el individuo experimenta vivencias extremas de manía y depresión, consistente en el caso de la manía en: Exaltación del estado de ánimo; aumento de la actividad, con una autoestima exagerada o grandiosidad; disminución de la necesidad de dormir o dormir en exceso; expansivo e irritable; aumento involuntario de peso; bajo control del temperamento; falsas creencias sobre sus capacidades; bajo umbral de tolerancia a la frustración; dificultad para aceptar los errores; facilidad para contraer adicciones, como el alcoholismo.  Yen el caso de la depresión: Perdida de interés o satisfacción; desesperanza; llanto; tristeza; quejas somáticas (dolores diversos); perdida de energía; aislamiento de la familia, amigos y actividades, antes placenteras; perdida del interés por las relaciones sexuales; disfunción del sueño, dormir mucho o poco.

Los síntomas expuestos navegan con modificaciones de unos a otros (manía/depresión-depresión/manía), por horas, días o semanas, los cuales se alternan con períodos de normalidad, donde los humores se hallan bajo control. Lo cierto, es que hay modificaciones, que para aquel que lo acompaña y desconoce la mecánica de la enfermedad es el comienzo de vivir su propio “infierno”, sin saber exactamente que hacer ni como actuar ante esas conductas del otro que lo desbordan. Además, la complicación se acentúa cuando se comienza a tener la idea de vivir junto a un ángel, cuando recuperamos a la persona que conocimos (control de sus humores) y un demonio (cuando ingresa a la enfermedad), la que desconocemos, aquella que padece los síntomas descritos.

La Bipolaridad, es una enfermedad mental, la cual puede y debe ser tratada desde la psicoterapia y la farmacología, aunque con resultados inciertos en cuanto a la evolución esperada de la salud total. ¿Entonces?. Como toda enfermedad mental, es muy difícil compartir con quien la padece, por lo tanto, pareciera que solo queda tomar opciones: abandonar al ser querido, pero enfermo, o bien, aprender a disfrutarlo en sus ciclos de salud y tratar de tomar una saludable distancia (que no implique abandono), para evitar ser lastimado, a veces sin recuperación, en sus momentos álgidos. Tengamos en cuenta, que por lo general, dado la característica de la misma enfermedad, no tomará conciencia de ella ni aceptará las conductas que produce como propia, por lo tanto sería inútil intentar razonarlo con él/ella, sin exacerbar los síntomas. Se abroquelara en sus propias razones y justificaciones, proyectará el suceso, lo pondrá en el otro como productor del mismo y si insistiéramos, sólo lograríamos incrementar algo que se asocia a la enfermedad, la paranoia (manía persecutoria). Si deseamos permanecer junto a ese ser amado, pero enfermo, debemos aceptar convivir con un tercero: la enfermedad.

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